Estaba cubierta de palabras sordas sin sentido, esa temblorosa mano que fue subestimada fue capaz de quitarlo todo, de limpiar las lagrimas, de descubrir su rostro. Con una extraña fortaleza fue capaz de seguir caminado sabiendo que tal ves el camino no era recto, que podría no tener asfalto y solo piedras, que iba a encontrarse con tormentas, iba a ser mojada por la lluvia con el frió penetrando sus huesos, sintiéndose indefensa ante el con la escasa protección que otorgan las vestimentas. No obstante sonrió, sus piernas iban a sotenerla en el largo camino, quizás alguien tome sus temblorosas manos cuando este cansada, podría encontrarse con un sendero de flores que compensaran la senda de piedras y finalmente luego de que la tormenta acabe aparecerá un arcoiris con la promesa de que cada lágrima sera reconfortada, de que nuevamente saldrá el sol.
Nunca tenemos la certeza total acerca del destino de nuestro camino, simplemente caminamos intentando avanzar, intentando a veces dejar atrás, intentando llegar, intentando presentar batalla ante el camino y cuando llegas te das cuenta de que la persona que inicio el camino, no es la misma que llega, y que tu destino no es si no el mismo camino que recorriste.
En el ocaso, mientras el sol desaprecia de mi vista, me pregunte quien es mas fuerte si la flor o el árbol.


